Rezar, la "única terapia útil".

“ Pero.... es que..... claro, como soy un Tres, pues no hay manera…y siempre me pasa lo mismo…”, el otro día me tomé un té con una compañera, terapeuta. Hablo del encuentro con la total y humilde conciencia que “ella” soy yo, también. Estaba en un bucle, en un “más de lo mismo” que la tenía agotada emocional, mental y físicamente. Entre lágrimas seguía con su discurso del “más de lo mismo” , transitando un oximorón sin una salida fácil “ Que si soy tres, que si pensaba que era dos, que si la chamana, que si me canalizaron, que si la kinesóloga, que si el naturopata…que si…..”, un sin fin de razones por las cuales seguía en ese infinito sin fin enredada en su propio personaje. Sufriendo a su personaje y sus circunstancias. 

“ Oye, oye, oye!! Para, para ya…olvídate de tu Tres, tu chaman, tu coach y toda la pesca….sal de ahí”, ( joder), eso no sé si lo dije o sólo lo pensé, aunque conociéndome, puede que se me cayera. “ Manda todo esto a la mierda, todo eso, no eres tú. ¿ Sabes lo que hago yo siempre en todo momento , desde que me levanto hasta que me acuesto? Rezar. Rezar es la única posibilidad que tenemos de salir de este lastimoso laberinto en que nos metemos por tozudas. Reza. En serio, no hagas nada más. La única terapia eficaz que conozco es rezar el Padre Nuestro. O ponte en modo Ho’oponopono que a fin de cuentas, es lo mismo. Reza y ya está”.  

Nos enredemos en nuestros sofisticados discursos aprendidos en sofisticadas formaciones de sofisticados maestros.  Elaboramos sofisticadas creencias justificando nuestras propias y sofisticadas creencias, creadoras de nuestra sofisticada y asfixiante realidad. Entramos en circuitos cerrados en los que por más Eneagramas, Astrología, Coachings, Constelaciones, Reikis, Canalizaciones y demás técnicas al uso, seguimos tristes y agotados en todos los sentidos. O a lo mejor disimulamos parapetados tras el eslogan de algún libro de nueva generación espiritual. Nos creemos nuestras propias justificaciones, mentiras o eslóganes espirituales hasta que algo dentro se hace insoportable. Algo se hace tan salvajemente triste o agotador que no hay "terapia de nueva generación o milagro canalizado por no se sabe quien " que pueda contener ni aliviar tanto desasosiego, rabia, miedo, culpa...Pretender "colar con calzador o vaselina" el advaita, el yoga, la gestalt, los milagros y lo que se tercie en nuestra incómoda realidad, puede que tenga un éxito temporal. Sinceramente ¿ Cuanto hemos mariposeado de técnica en técnica, de terapia en terapia, de curso en curso, de maestro en maestro pensando que "esta era la definitiva y verdadera"? ¿ Con cuantas terapias, tècnicas o gurús hemos flirteado y casado? De la mayoría hemos terminado lastimosamente divorciados, tristes y decepcionados " Yo que pensaba que esta era la buena...". 

Nos obstinamos en “solucionar irrealidades”, nos encabezamos en “ resolver los problemas creados por nuestros personajes”, nos identificamos con nuestras neurosis, las hacemos reales, las encarnamos con maestría y pretendemos mover ficha a ver si cambia nuestro paisaje interno. Puede que a lo mejor, la solución y el recurso de acudir al tan socorrido “ hipermercado terapéutico espiritual”, nos de un pasajero alivio. Pero a la larga, ( a la corta) volvemos al laberinto. Intentar “arreglar” una irrealidad es absurdo, no tiene sentido. Centrarse en lo que sí somos, puede que a corto plazo no solucione nada. ¿ Cómo detener un camión de 1000 toneladas que corre a gran velocidad por una pendiente? Poco a poco. Nunca de golpe. Pero, si nos acostumbramos a prestar atención, un poquito cada día a ese aspecto nuestro trascendente, divino, puro espíritu, quietud, silencio, sin forma…yo lo llamo Dios. Puede que, si poco a poco nos acostumbramos a “dialogar” con Él/ Eso, a medida que le prestamos atención crece, se nutre y nos nutre. Nos muestra la salida del laberinto, ya que su hogar, es otro, más sutil menos rimbombante, más simple. Sin en lugar de luchar contra los que nos hemos acostumbrado a ser, tan solo nos rendimos, sin oposición, ni resistencia, ni juicio ni nada de nada y lo "entregamos" a Dios ( como a mi me gusta llamarlo), puede que este personajillo que nos tiene atormentados pueda descansar por fin en ese Verdad tan real como misteriosa. 

Rezar, orar puede que a ojos del terapeuta al uso , sea una práctica inútil propia de viejas beatas simplonas e incultas. Para mi, terapeuta de “ mil gilipolleces”,  rezar me parece lo más útil, eficaz y gratuito. Nos permite relacionarnos con la única realidad que nos conforma y desde ese lugar transpersonal, hacer espacio en nuestro  interior en la que de una forma tranquila y serena pueda colarse un vislumbre de conciencia y creatividad que dentro del laberinto no habíamos ni tan siquiera imaginado. Y fíjate tú, paradojas del asunto, a lo mejor en este vislumbre de conciencia creativa transpersonal, tengo la bendita ocurrencia de pedir cita a un terapeuta, o ir a yoga o meditar un rato o tomar vitamina C o ponerme a bailar o tomarme unas tapas con mis colegas. Quien sabe lo que esta imprevisible Fuerza Creativa me inspire a hacer. Quien sabe. 

Lo que sí sé, es que sólo por la Gracia, la vida y nosotros se despliega. ¿ Para qué meter nuestras narices en asuntos que no nos incumben? 

Eso a lo que yo llamo Dios, sabe todo de mi, lo que digo, hago y lo que callo y no hago. Sabe mi realidad más real, verdadera y honesta. En crudo. Sin enmascarar.  Allí donde me miento, también lo conoce. ¿ Para qué enredarme en enrevesados atajos si tarde o temprano deberé volver a la ruta, al recto camino?.  

Pensamos que la Vida es algo personal, y ahí es donde nos equivocamos ( ese el el pecado) separarnos de la Vida. La Vida es una potencia transpersonal, infinita creatividad que se manifiesta a través de nuestra persona. Todo lo que puede hacer nuestra “pequeña persona” es dejarse atravesar por esa inconmensurable potencia creativa, contemplarla, rendirse a ella, enamorarse de ella , aunque sin intentar apropiarse de Ella. Cuando nos tomamos la vida de forma tan personal creamos distorsión y error, miedo y culpa. Cuando intentamos solucionar todo en entuerto a través de querer “arreglar el personaje “ que lo creó, estamos creando más distorsión, error, miedo y culpa. ¿ Qué hacer? Fácil, rezar. Dirigirse humildemente a esa gran potencia de infinita creatividad que yo llamo Dios y tu puedes llamar como te plazca. establecer un diálogo con lo que "traigamos encima o lo que sintamos en ese momento", podemos tener diálogos sublimes de pura devoción o entablar un monólogo victimista o protagonizar un berrinche infantil...sea lo que sea que vivenciemos en este momento, puede ser libremente entregado, sin juicio, ni forma, ni formalismo. Honestamente con lo que hay sin necesidad que el "inetrlocutor" interfiera o intervenga buscando alguna solución. Volcar todo lo que hay y desde ese lugar de "inútil" solución, descansar y contemplar. Confiar y seguir lavando los platos, conduciendo, hablando por teléfono, comprando en Amazon, o mirando las noticias.  

Sólo así podemos encontrar de una forma real la salida al laberinto.  

Yo terapeuta del siglo XXI rezo, rezo y rezo. Voy a misa los domingos. Me doy un espacio para poner en el Centro de la experiencia vital que vivo a Dios, en el altar sagrado de mi corazón. A ese altar hago todas mis ofrendas: mis dudas, miedos, rabias, tristezas, culpas, arrebatos de ira, depresiones, alegrías, dulzura, risas… a ese Altar sagrado se lo entrego todo. Y te aseguro, que desde ese lugar tan poco sofisticado recibo tanto. 

Y cuando más lo nutro, más me nutre. Y mi pequeña persona a través de la que experimento la Vida puede encontrar alivio, solaz, refugio, verdad. Amor sin ir más lejos. 

Muy cerca.

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