Mi profesor de de yoga...terapeuta...coach, es un borde. ¡Menuda suerte tengo!

" Yo me tomo las pastillas para el colesterol entonces se me altera el hígado. La doctora me ha cambiado la medicación para el hígado porque me subía la presión. Mañana vuelvo al médico porque creo que estas píldoras nuevas me dan ardor, le diré que me de algo…". 

" Pues a mi los juanetes mes están matando, por no hablar de las almorranas!". 

Cada día en la esquina de la calle donde vivo se encuentran a dos vecinas y charlan un rato. Más que un diálogo distendido es una de competición " A ver quien tiene un sufrimiento más terrible. A ver quien tiene un dolor más incómodo. A ver quien gana en ser más desgraciada". Suelen detenerse cada día un rato en la misma esquina y comparten sufrimiento, recetas médicas y peripecias del centro médico. 

Con todo el amor y respeto hacia ellas me pregunto, sino tuvieran tantos dolores e incomodidades, ¿ De qué hablarían ? Silencio. Quizá ni tan siquiera hablarían. Sacarían las sillas del salón a la calle y se sentarían con las faldas arremangadas para que les diera el sol a las piernas y contemplarían a la gente pasar, con una sonrisa en los labios. No hay nada más gozoso que sentir el sol de primavera en las piernas, y el cuerpo entero, ya puestos. 

Pues como mis vecinas, todos. Sí, sí, por más bochornoso que sea aceptarlo. ¡Como nos gusta hablar de nuestras penas, compartirlas, competirlas, airearlas! ¿ Para qué ? En busca de amor y compasión.  En busca de la mirada de reconocimiento del otro. Para sentirnos vistos. Para sentirnos, paradógicamente, vivos.

Estamos destinados a ser felices y gozosos. Como también estamos programados a ser unos desgraciados y "sufrientes pobrecitos". Nuestro dolor nos da identidad. Nuestra autobiografía nos da una personalidad y pase lo que pase, defendemos al personaje con uñas, dientes y muchas lágrimas. " ¿Quien sería yo sin mi rabia….sin mi depresión…sin mis problemas….mis malos rollos familiares, vecinales, sociales....?". Solemos basar nuestra identidad en lo "chungo", mal que nos pese. Esa es la inercia, la carencia en todas sus modalidades despierta una sonrisa compasiva de nuestro interlocutor. ¡Lo conseguimos! Ya tenemos nuestras migajas de Amor.  Y así de paso el otro, en su bondadosa mirada de pena disfrazada de compasión, puede por un rato sentir su poder y superioridad. Así seguimos jugando el juego hasta que....

En algún punto de desesperación y desasosiego, (somos "pobrecitos" buscando amor, pero tampoco masoquistas hasta el extremo de auto-inmolarnos por amor). En algún momento en que ya no nos quedan interlocutores que aguanten nuestro cansino sonsonete de "la pobre víctima". En algún atisbo de conciencia o vislumbre de que quizá hay otras formas de vivir. Entonces se nos ocurre hacer algo. " Voy a yoga…voy a terapia….voy a un Coach….voy a meditar….voy a hacer mi carta astral….". !Y ahí vamos! Con toda la artillería a cuestas, con nuestra autobiografía como carta de presentación, con nuestra historia tantas veces contada, nuestras penas, desgracias, dolores, horrores, lo mal que se ha portado el otro (claro, siempre hay un otro que es un ogro)…bla bla bla…cada cual tenemos nuestro propio discurso del "pobrecito"

Empezamos el yoga, la terapia, el coaching, la meditación o lo que sea que hayamos elegido. Al principio, todo bien, parece que la cosa fluye y encontramos algún alivio, y continuamos. Y aquí pueden pasar dos cosas, y de ello depende nuestra "salvación" por llamarlo de alguna forma ( ya que no hay nadie que salve a nadie). 

Una de las posibilidades, podría ser que el Yoga, la terapia, la canalización, la técnica energética elegida nos confirme nuestra historia, nos "compre nuestra autobiografía" y encima la embellezca. ¡ Que alegría! ¡ Que gozo! Por fin alguien nos entiende y se compadece con nosotros. " Si ya te lo decía yo que mi historia es chunguisima, me lo ha dicho el terapeuta". " Ah! Pues a mi el otro día me canalizaron al Arcángel Gabriel y me dijo que era una bendita, amada trabajadora de la luz y que mi sufrimiento era acogido por toda la hermandad de ángeles, arcángeles y querubines y que los Maestros Ascendidos me dicen que voy por buen camino". " Uy pues yo en yoga, no veas lo guai, ya he conseguido hacer "postureoasana" y me van a pasar al segundo nivel que hacen "superchachiasana" y meditan al Guru Pamplinas que recoge nuestra bendiciones…no sabes como me abre el corazón". " Pues mi Chamán el otro día me dio mi animal de poder y me hizo un saumerio para quitarme las entidades que se ve que me chupan la energía". Y así tantas historias terapéuticas, yoguicas, reikis, canalizaciones, chamánicas y disciplinas varias que nos confirman nuestra historia, en definitiva perpetuan al personaje, al ego y por ende, justo lo que nos somos. 

La otra, si somos bendecidos por la Gracia, caemos en un centro de Yoga, un terapeuta, un coach o "acompañador de procesos" que desde el minuto cero nos mira y ve la esencia, la grandeza en nosotros, como también ve con meridiana claridad al personaje y su cansina autobiografía. Si somos bendecidos por la gracia, nuestra historia no va a ser confirmada, nadie nos compra la moto, nos nos hacen ni puñetero caso en nuestro dolor. " ¿Que mierdas de Yoga es este? ¿ Que borde el profesor ? ¿ Que cruel el terapeuta ? ". Llegados a este punto podemos hacer varias cosas: salir corriendo con cualquier excusa barata y largamente elaborada, salir corriendo sin decir ni mu, salir corriendo cagándose en el profesor o terapeuta y echarle basura, salir corriendo en busca de alguien o algo que sí nos confirme o…quedarnos y aguantar el bochorno, el chaparrón, el vacío de no ser más nuestra autobiografía. Aceptar que el personaje tomó las riendas, amarlo por el servicio que nos ha hecho, por todo lo mostrado y decidir caminar, aunque sea con pasos vacilantes o a rastras hacia nuestra Esencia.

Con ello no defiendo el proceso terapéutico como dolor, dureza o crueldad de poner el dedo en la llaga y no sacarlo hasta que sangre. Para nada. El maosquismo injustificado, no es más que otra forma muy destructiva para defender al "personaje". Permitir que el personaje sea reconocido, acogido, amado y en cierta forma muera, no siempre es un proceso de "ji ji ji ja ja ja".No digo que el camino esté tapizado de rosas, que sea placentero, no digo eso, aunque sí afirmo que todas las lágrimas que derramemos, harán brotar infinitas flores, dones, regalos y nos traerán de vuelta a casa, al Hogar. ¿ Te das cuenta? Aquí, nadie a salvado a nadie, sino que el coraje y humildad de aceptar no ser confirmados en nuestra autobiografía ha sido lo que ha propiciado la apertura de nuestra conciencia. En ese proceso de "muerte y duelo" ganaremos en humildad, compasión, amor de verdad, nos haremos reales y agudizaremos los sentidos que nos harán saltar todas las alarmas cuando por aquellas cosas de la vida nos desviemos de nuevo, estemos tentados a coger un seductor atajo, o nos evadamos del verdadero camino. Nos haremos astutos como los zorros y inocentes como las palomas y ya no nos aventuraremos en la lejana periferia de nuestro centro, del Hogar.

¿ Y que pasaría si ya no compitiéramos en nuestro sufrimiento ? Compartiríamos sonrisas, abrazos, gozo, alegría real. La alegría y logros del otro ya no despertarían una incómoda e inadecuada envidia en nosotros. Ya lo he dicho, ¿ No ? El otro, no existe.

Que el camino crezca junto a nosotros.

Que cada paso exprese nuestra humildad y coraje.

Que elijamos la Vida, con todas sus rabiosas, radiantes, alegres, bendecidas consecuencias.

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