Luna Llena en Cáncer: un viaje a través del útero.

¿ No os pasa? A veces, sin previo aviso, un insondable sentimiento de vacío, de insoportable pequeñez. Una sensación de vagar perdidos por el infinito con una inconmensurable sensación de soledad y desamparo. Una vulnerabilidad tan frágil que nos hace anhelar aquellos tiempos que éramos felices y completos, ovillados en el útero seguro de nuestras madres. Acurrucados, satisfechos, arropados, mecidos por agradables aguas tibias, aguas de vida, nutrición y sostén. Seguridad, simple y llanamente. 

Parémonos a pensar, y no sólo pensar sino sentir. Mientras nos  dejábamos acunar en ese pequeño océano sin borde ni orillas, ¿ Qué sentía nuestra madre? En la profundidad de su Ser, en sus emociones más básicas, cotidianas y concretas, en la cocina, en el autobús o en la oficina ¿ Qué sentía nuestra madre? ¿ Se sentía una mujer dichosa, quizá? ¿ La abrumaba el miedo y la incertidumbre? ¿ Puede que de vez en cuando una sombra de duda eclipsara su felicidad? ¿ Cómo vivía ese estado de espera ? ¿ Acaso sabía que la Vida cuidaba de ella y del fruto de su vientre como una Madre buena? ¿ Cuan cristalinas y puras fueron las aguas que nos mecieron en nuestro paraíso amniótico? ¿ Cual fue nuestro real alimento emocional en aquel estado de indeferienciación y atemporalidad?  ¿ Sabes ? Podríamos remontarnos en una infinita cadena de úteros y aguas que han bebido de otras aguas que las precedieron hasta la primera mujer, no sólo en la Tierra, sino en el Universo. Cuantas memorias se han entremezclado en ese pequeño paraíso uterino que anhelamos, del cual sentimos nostalgia cuando la vida parece devorarnos. ¿ Somos realmente conscientes del color y densidad de esas aguas? ¿ Somos realmente conscientes que en ese Paraíso que añoramos no estábamos solos?

Un día fuimos separados del mullido útero, del Edén. Un Dios malo y vengativo nos expulsó del paraíso. Nacimos, bienvenidos a la Vida. Nuestro pequeño cuerpo encarnó la fragilidad tan frágil que despertó todo tipo de emociones, de ternura y otras, muy oscuras que prefiero no escribir. Vida y muerte, dándose cita en ese pequeño cuerpo que anhela su Edén particular. Y en busca del paraíso nos construimos, nos hacemos nuestro propio traje a medida para que nadie vislumbre cuan pequeños y asustados nos sentimos. Y proyectamos al mundo nuestro desamparo vestido de suficiencia, fuerza, autoridad, respeto, alegría, jovialidad... Legislamos la Vida, marcamos las pautas para que nada escape del control, para que nadie vislumbre el terror de sentirnos minúsculos vagando por la gran sopa cósmica sin orden ni ley. Nos vestimos con telas hechas de sistemas de creencias que han bebido de aguas muy antiguas, de memorias que se han ido conservando desde que el tiempo es tiempo. Por miedo al vacío nos escondemos tras la máscara, por anhelo al vacío reforzamos la máscara. Y en ese Uróboros, ese  "pez que se muerde la cola", transitamos entre la angustia y la alegría, el desamparo y la fuerza, dentro y fuera, agua y tierra.  Quizá si nos detenemos por un instante de lucidez y pasamos la frontera de lo conocido, vamos más allá de la obviedad facilona, nos daremos cuenta que en el círculo de esa enigmática figura ancestral, no hay ni principio ni final, no hay tiempo, ni forma, sólo vacío. Vacío fértil que nos recuerda nuestro origen y esencia. 

¿ Sabes? Ningún Dios nos expulsó del Paraíso, nadie nos castigó al infierno. Seguimos en el Edén, sólo el error en nuestro pensamiento teñido de memorias antiguas nos separan del verdadero Hogar. 

Luna en Cáncer, agua, Sol en Carpicornio, tierra, de barro fuimos creados y el aliento divino animó esa forma inerte y sin vida. ¿ Qué memorias impregnan ese Agua? ¿ Cuan pura es la Tierra? 

Esta Luna Llena en Cáncer dispara el inicio del año en el calendario gregoriano, imprime un sello energético que empapa nuestra proyección en el tiempo. Pero, no nos engañemos, el tiempo es la fuente de nuestro dolor. El exceso de pasado nos lleva al estancamiento y a la nostalgia de un paraíso perdido, el exceso de futuro nos activa la ansiedad y un estado de esperanza estéril en que los tiempos venideros nos van a salvar del sopor y desamparo. Meditemos de nuevo en el Orúboros, ese pez que tozudo se come su cola, ese Dragón ovillado en sí mismo recordándonos el Eterno Presente. Y en esta real y verdadera eternidad, todo queda incluido: Cáncer, agua, útero, origen, memoria, círculo, contención, dentro, emoción, clan, Madre. Capricornio, Cronos, tiempo, ley, autoridad, fuera, razón, línea, sociedad, Padre. 

En este Presente tozudo y concreto, desde esta Conciencia, Ley Natural y verdadera,  podemos escoger ¿ Qué dimensión de nuestro Ser queremos vivir? Toda dimensión en la que la conciencia se identifique es legítima, un trocito de verdad, pero no la Verdad completa. Por ejemplo, hoy podemos sumergirnos en una visualización sanadora que nos devuelva al origen Cristalino de nuestro Ser. Podemos volver al útero de mamá, y a la vez visualizar a ella dentro del útero de la suya, y así, como un juego de muñecas rusas, una dentro de la otra hasta llegar al Gran Útero, la Gran Madre. El Gran vacío Fértil. Desde esa Conciencia real, ya no vagamos como niños perdidos y asustados por el Cosmos frío y hostil ante la mirada escrutadora de un Dios a punto de expulsarnos del Edén. Purificar las aguas, hasta verterlas en el Gran Océano. Trascender a la madre y al padre, para encarnar el Hijo hecho a imagen y semejanza de Dios, es decir, Vacío. Vacío que no es frágil, ni vulnerable, ni esclavo de la dualidad, sino que contiene Todo. 

Podemos, hoy, elegir, reunir en esas aguas de Vida todos los trocitos de nuestro Ser esparcidos en las vidas pasadas, o futuras, paralelas y simultáneas, dimensionales o interdimensionales, todas aquellas lineas de tiempo y vidas que nuestras mentes fragmentadas y limitadas no saben ni tan siguiera imaginar o nombrar. Reunir todas las memorias y verterlas sin mácula, en la gran Memoria de nuestro origen inocente e inmaculado. Entender nuestra Inmaculada Concepción y nuestro parto virginal, es la única terapia que necesitamos. Saber que no son cuentos de devotas santurronas consumidoras de rosarios sin alma, que no es ningún mito, sino la Verdad verdadera. Hoy podemos reunir a la puta, la Reina, el verdugo, la maruja, el burócrata, el déspota, la mojigata, la artista, el poeta, la bailarina, el mendigo, la jorobada, el idiota….Dejemos pues de proyectar nuestras memorias manchadas de sangre, culpa, miedo, abuso y más errores,  al mundo y los demás. ¿ Sabías que ahora y aquí todos nuestros fragmentos siguen vivos ? Reunámoslos pues en esa Conciencia real, recordémosles el camino de vuelta a casa, la casa de la que en realidad nunca se fueron. 

Desde esta certeza, no escrita sino sentida, podemos movernos por el mundo sabiendo que es una mera escenificación, un simple juego de niños asustados, un baile de máscaras cuya finalidad es descubrir que detrás de tanto despropósito y calamidad, detrás de cada sonrisa fingida o lágrima helada en nuestro rostro, el aliento de vida, que es Uno nos da la Vida. 

Acercarnos a nosotros mismos y al otro con la certeza de que hemos compartido Útero nos puede dar otra dimensión de nosotros y de la Vida.

Construyamos nuestra realidad concreta y sólida con cimientos muy reales que beben de las aguas puras.

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