Cristo no es el apellido de Jesús. Cristo somos todos.

Me enfadaba cada vez que mi madre me decía: ¨Siempre que busques una respuesta, siempre que necesites consuelo, un refugio, en fin Todo aquello que busques y anheles lo encontrarás en la Bíblia, en el Nuevo Testamento¨. Que rabia que me daba escuchar esto. Yo asociaba la Bíblia y todo lo que de ella se desprendía, con la rigidez de una Iglesia y un Vaticano que para nada eran ejemplo del mensaje de amor que el Jesús de mi infancia me había enseñado. Asociaba la religión con algo rancio, rígido, un mundo oscuro de beatas, ñoñas reprimidas, curas babosos y abusadores, culpa y sacrificio, despilfarro, en fin, todo lo malo. Que rabia me daba cuando mi madre me decía que Todo lo que yo buscara lo encontraría en este libro que para nada me parecía la palabra de Dios. Ni mucho menos sagrado, 

Pero…cuando aparece el pero, hay que estar muy atentos. Ese pero me mostraba algo que yo sí anhelaba de veras, muy a pesar de la cursi santurronería de lo cristiano y católico. Eso que yo veía en ellos y secretamente anhelaba era esa Fe, esa confianza en algo que para nada tenía pruebas objetivas de una existencia real. Esa confianza ciega que, a mi parecer les ofrecía un refugio al cual recurrir en momentos de zozobra y desamparo. Esa roca a la cual aferrarse cuando todo se tambalea. Esa alegría que mostraban sin atisbo de pudor cuanto entonaban cánticos absurdos en celebraciones religiosas, yo sentía una mezcla de vergüenza ajena y envidia. 

Como soy muy rebelde, me puse en acción. En lugar de hacerme budista, animista, hinduista, sufí, sikh o cualquier otra religión, camino o creencia exótica y lejana en busca de ese solaz que mi alma anhelaba, en lugar de eso, en mi rebeldía me compré una Bíblia. ¨Me lo voy a leer todo, desde el principio hasta el final, a ver que onda¨. Mi rebeldía me llevó a meterme dentro de lo que en un inicio rechazaba, como quien se zambulle en lo profundo de una ola o en el ojo del huracán. Todavía la conservo y afortunadamente me acompaña en mi camino, con su cubierta verde: ¨Bíblia didáctica¨. 

Madre mía! No me lo podía creer, esas palabras me hablaban solo a mi, a mi corazón a mi alma ávida de un bálsamo real.  Leía, leía y me expandía con cada palabra. A veces, cuando volvía a releer algún párrafo, sucedía que me decía cosas distintas, con otra coloración o matiz. No podía parar, sentía que era un libro vivo, como un manantial de agua fresca, siempre disponible. Quise ir más profundo y me apunté a los ´Cursos Bíblicos¨en el Convento de los Franciscanos del pueblo. Me moría da ganas de que llegara el jueves por la noche, dejaba a mis hijos durmiendo y mi Bíblia y yo nos sentábamos en el refectorio del convento junto a las mujeres , que tiempo atrás etiquetaba como viejas beatas y quizá algún hombre, que tiempo atrás hubiera tildado de calzonazos baboso. Yo era la más joven, de largo. Era feliz. Muy feliz. Había recuperado al niño Jesús de mi infancia, tierno, amoroso y a la vez rebelde y auténtico. Había encontrado aquello que anhelaba , la Fe. Real, verdadera que me ofrecía un solaz muy sólido. Para nada cursi. Me daba la oportunidad de descubrir significados ocultos en cada palabra, metáfora, parábola, salmo...significados vivos, profundos que se abren cuando uno lee con el corazón y no la mente. Porque, aunque parezca una obviedad, la Bíblia hay que leerla con el corazón, de lo contrario, no entiendes nada y lo peor, se te atraganta.

Indagué mucho, me leía cada libro que aparecía en mi camino sobre Jesús, su vida, la historia en el tiempo en que fue crucificado. Iba a conferencias, charlas, retiros. Iba a misa cada sábado por la tarde, siempre con algún bebé en brazos. Era entrañable.También empecé a estudiar otros caminos, creencias y religiones. Un día en un arrobamiento místico le solté a mi entonces cuñado del Opus ¨Todos rezamos al mismo Dios. Todos ya seamos cristianos, judíos, profesemos el Islam, o practiquemos zen. Un sólo Dios para todos¨. Me da la risa cuando recuerdo sus ojos atónitos. ¨Esta está fatal….¨, me decía sin decir…. 

Me matriculé a Ciencias Religiosas para profundizar en mis conocimientos bíblicos. Pero me coincidió con la muerte de mi madre y mi primera hermana, un divorcio tremendo con lo cual desistí de abrir otro frente. A pesar de todo yo seguí estudiando, leyendo. Recuerdo mis eternas esperas en comisarias y juzgados, Bíblia en mano, cuaderno de notas y grandes ¨clicks¨que abrían mi mente y mi corazón. MI alma bailaba. También seguía rezando. Sobretodo esos instantes antes de dormir, para mi eran y siguen siendo una maravilla, hablar con Dios, o la Diosa, o la Conciencia ¿ A quien le importa el nombre?  Nunca me sentí tan acompañada como en aquellos días de muerte, desolación y desamparo. ¨Tú sabes todo…. En tus manos lo dejo…¨. Me quedaba dormida hablándole a mi Dios. Tranquila, sabiendo que unos hilos invisibles tejían para mi. 

Luego vino el Yoga y pude unir cuerpo, alma y Espíritu. Otro día me tocará hablar de eso, ya que el Yoga fue algo que siempre rechacé. Esa soy yo! Extraña e inútilmente rebelde. 

Hace casi veinte años que murió mi madre, pero sus palabras siguen muy vivas en mi interior ¨Todo aquello que busques en la Bíblia lo encontrarás¨. Cuanta razón y cuanto agradecimiento siento por eso. Todo ello me ha llevado a entender que más allá de las palabras existe el silencio, la conexión y cuando me coge fuerte la ¨ávidez y la voracidad por saber y saber, un saber que nunca llegaré a abarcar por completo¨, lo dejo todo y en silencio me dejo hacer, a fin de cuentas la certeza, que no creencia de lo trascendente llega de la mano del silencio. También he entendido que va siendo hora de dejar de ser cristianos para encarnar cada uno de nosotros el Cristo. Reyes y Reinas del Cielo y de la Tierra, creadores y creativos, Uno con Dios, Soberanos y Libres haciendo con la Vida que se nos ha regalado, lo que digna y amorosamente queramos y deseemos. Porque desear, es sagrado. Es la chispa que enciende nuestra aspiración a lo divino, encarnado a través de nuestros cuerpos. Presentes ahora y aquí.

Un día me pregunté: ¨¿Cómo puedo hacer llegar este mensaje a todos los que quieran escucharme ?¨. Como dicen, ¨Los caminos de Señor son inescrutables….Dios escribe en renglones torcidos….¨, hay que saber leer y dejarse tejer por esos dedos invisibles, con la confianza de un bebé que duerme en el regazo de su madre. 

Casi sin pretenderlo, ni planearlo, ahora organizo viajes a Jerusalén. Que feliz me hace guiar estos viajes, esta experiencia del Cristo viviente en cada uno de nosotros. Y ojo! Cristo no es el apellido de Jesús, sino que es la conciencia del que se sabe Uno con el Padre, Uno con Dios, Uno con la Vida. Creador y creativo. 

¨Mamá, gracies per haver sembrat la llavor del Crist¨.

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