Yoga y Meditación. ¡ Atajo peligroso!

Vaya por delante mi más profundo agradecimiento al Yoga y a la meditación, pero…¡ ojo al pero! , porque lo que viene detrás de esta palabra tiene como propósito, no matizar, sino borrar de un plumazo lo expresado antes. Detrás del pero, acostumbra a revelarse la verdad oculta del mensaje, que a partir de ahora será una verdad a voces. No la verdad absoluta, sino la mía. No es que no esté agradecida al Yoga y a la Meditacón, no es eso, no me mal  interpretes, pero….¡apareció de nuevo!. Vamos a ver si logro transmitir el mensaje sin parecer demasiado borde, o dura o …en el fondo me da igual lo que pienses, en serio, no por falta de empatía, no por eso, sino porque me voy a basar en mi experiencia personal, subjetiva. A lo mejor, puede que te inspire, te resuene e incluso te alumbre en la búsqueda de  tu propia verdad. Quizá te da pistas para explorar en tu propio proceso. ¿ No es Satya uno de los pilares del Yoga? Honestidad, sinceridad con uno mismo. Vamos a ello. 

Yoga y meditación,  forman parte de mi vida, de hecho son mi vida, vivo de ello, sería muy desagradecido y poco coherente por mi parte que empezara a echar pestes sin más, pero, honesta y sinceramente sé que la práctica sin discernimiento y sobretodo sin haber hecho "el trabajo",  entraña un riesgo.  No sólo un riesgo, un peligro en el que lo único que haces es reforzar una neurosis, pensando que te estás iluminando, un autoengaño en todo regla. Me explico, y de nuevo reitero que hablo desde mi verdad y mi experiencia personal, que no tiene por que haber sido la tuya. Es más, no pretendo que estés de acuerdo en nada de lo que escriba. Pero... 

Aceptemos que todos tenemos una herida que traemos de serie, la herida de la separación que duele y en ocasiones duele mucho. Una herida que no se cierra, mientras sigamos en este maravilloso planeta llamado Tierra. Lo único que podemos hacer es vivir alegremente con ella y entender que somos pura Consciencia encarnada, sin más drama. Al cortarnos el cordón umbilical, somos separados de la Fuente de la Vida y también de mamá. A partir de aquí empezamos nuestra experiencia vital oscilando como un péndulo en la eterna danza de las polaridades. ¿ Cual es el propósito ? Alejarnos tanto de la fuente que la nostalgia se haga tan cruda, tan punzante y experimentemos una sed tan feroz que no tengamos más opción que buscar la Fuente para  aliviarnos y saciarnos. A lo que iba, nacemos y nuestra Fuente de la Vida, de Amor y Nutrición, nuestro Todo es mamá. Nada nos importa más que conseguir, ganar, conquistar el amor de mamá. El deseo de pertenecer, ser acogidos, abrazados, sostenidos, protegidos nutridos, en definitiva, amados por nuestra Fuente del Todo. Empezamos a tejer una personalidad alrededor de nuestro Ser, lo único que queremos y deseamos es ser amados por Ella, nuestra Fuente. Luego aparece en escena papá y aparece el deseo de ser reconocidos por Él, quien se convierte en nuestra Fuente de Aprecio. Todas nuestras acciones se encaminan a lo mismo, con distintas variaciones, pero siempre el mismo tema: " mamá ámame, papá , reconóceme". Todo en nosotros se centra en encontrar esta mirada de amor y reconocimiento. 

Si la vida nos sonríe, puede que tengamos éxito en nuestra empresa de agradar a nuestra Fuente de Amor y Reconocimiento. Si la Vida no nos sonríe, ni haciendo el pino puente conseguimos la mirada de reconocimiento de papá y de amor de mamá, con lo que sentimos un dolorosisimo rechazo, abandono y por ende dolor.  Y seguimos danzando la polaridad y tejiendo sin parar al personaje, que lo que busca es conectar con la Fuente de Amor. Si papá y mamá fueron amorosos, geniales, presentes y súper guays seguimos en la cómoda burbuja. Si para nada fueron los progenitores modelo que nos nutren y apoyan, entonces nuestra herida se hace enorme. ¿ Qué hacemos? Buscar papá y mamá fuera. ¿ Cómo ? Buscando amor y reconocimiento en cualquier lugar, buscando desesperadamente a la "familia" que nunca experimentamos, o mejor dicho buscando a la familia que nuestro niño interno cree que no tuvo. ¿ Dónde? En el trabajo, la pareja, mis hijos, mi carrera....o el Yoga y la Meditación, como fue mi caso. Tejiendo al personaje desde la rabia o la pena de la herida, buscando y buscando hasta que …nos damos de bruces con el Yoga y la meditación o cualquier terapia de moda. ¡Tachán! " Lo encontré, por fin un lugar donde pertenezco, donde me reconocen, me aman. No estoy sola. Parece que el dolor se alivió ". Pero... 

Empezamos a practicar y a meditar, sin saber que nuestro motor es una herida muy gorda, muy dolorosa, pero en nuestra fantasía, en nuestra burbuja ni nos damos cuenta. " Lo encontré, me fundo con la Fuente de la Creación. Mi centro de Yoga es mi casa, mi maestro mi padre/madre y mis compañeros, mis hermanos del alma. Mi terapeuta el papá / mamá que nunca tuve, que tanto deseo….", ( aunque ni lo sepa)….. Practicamos, meditamos más y más y nos damos cuenta que seguimos sintiendo dolor, que la herida sigue supurando. " Qué dolor…voy a hacer una cuarentena para la compasión…el amor…mi tercer chakra…la sanación…bla bla bla…….". Y sigue surgiendo la pena, la frustración o el sentimiento de carencia , el dolor y me pongo a meditar, y recito no sé que mantra que me han dicho que seguro me transforma si lo hago cada día, durante tantos minutos, durante tantos días…y llega el tan esperado día, y todo sigue igual. No siento el Amor, ni la Vitalidad ni la Prosperidad prometida, menudo chasco.Y sigo persiguiendo la zanahoria que nunca me comeré. Y entro el el bucle y sigo buscando a la Fuente, a papá y mamá, sin saberlo. Y en ese no saber, sigo buscando, meditando en mil y un mantras que lo único que hacen es sustituir un pensamiento obsesivo por otro, ya que un mantra no es más que una proyección de la mente. Y en este meditar y meditar y meditar y practicar y practicar no hay otro deseo que " papá, mírame, mira cuanto me estoy esforzando, lo hago por ti, para convertirme en tu hijita amada, mírame, me estoy esforzando mucho. Mamá, mamá, mira , lo hago por ti, ámame, me estoy esforzando tanto….mírame, ámame, mamá". Buscamos esta mirada amorosa en nuestra familia sustituta, en nuestro profe de yoga, maestro de meditación, buscamos el reconocimiento de papá a través de nuestro esforzado trabajo, obteniendo tantos títulos y diplomas y certificaciones. Anhelamos el abrazo amoroso de mamá, búcsandolo en la mirada atenta de nuestro profe de yoga. De hecho hemos convertido el Yoga y la Meditación en nuestro Padre/ Madre, nuestra Fuente de Amor y reconocimiento están fuera, y muy lejos. Lo más gracioso, que para nada tiene gracia, lo más común es que incluso nuestro admirado Maestro o Maestra de yoga y meditación, no hayan hecho " el trabajo", con lo cual se inicia una danza de heridas no conscientes, un ciego guiando a otro ciego, ¡ Peligro!. Ya no se sabe quien es el hijo, ni el padre, ni la madre. Lo único que hay es dolor, sin saberlo, dependencia y apego a la mirada de papa/ Mamá " dime qué tengo que hacer...qué meditar...que mantra cantar....tu sabes...yo no....en tu mirada de aprobación me alivio....". Maestro, discípulo, el Yoga , la Meditación se convierten en sucedáneos, en la Fuente equivocada y el atajo que cojo cada vez que siento un atisbo de dolor.

¿ Sólo me ha pasado a mi que he meditado y he hecho miles de cuarentenas, durisimas meditaciones para el amor, la prosperidad, la compasión , el perdón, la rendición y el no sé qué y no he dado con ello y cada vez me he sentido más frustrada, agobiada, triste y decepcionada ? ¿En serio ? ¿ Sólo yo he sido tan patéticamente neurótica? 


Meditamos y practicamos colgándonos una zanahoria delante de nuestras narices que nunca nos vamos a comer, nunca, hasta que hagamos "el trabajo". Que nada tiene que ver ni con Yoga ni Meditación, todo sea dicho de paso. Es más, el Yoga y la meditación se vuelven nuestro principal impedimento, el obstáculo más grande. Siento el dolor y me pillo el atajo, me pongo a meditar para aliviarme,canto con el mantra mágico, o me pongo a hacer el pino puente y en este atajo sigo persiguiendo la quimera de dejar un día de sentir dolor, porque en el fondo, me aterra sentir la intensidad de la herida, " papá…mamá…mírame me estoy esforzando mucho…¿ cómo puede ser que no te des cuenta de mi empeño, mi coraje, mi esfuerzo? ¿ Cuando llegará lel premio? ¿ Cuando dejaré de sentir el dolor? ¿ Y esa prosperidad nunca va a llegar? ¿ Y el perdón? ¿ La compasión? ¿ ?...." 

¿ Cual es "el trabajo"?  No hay trabajo a realizar, ni meditación, ni mantra ni nada. Precisamente el tema está en eso, Nada. Callar, aquietarse, dejar de recitar, o cantar o hacer esta postura o la de más allá. Calla, silencio. Pasar por el terrible miedo de "dejar de hacer", ninguna acción, nada de nada. ¡ Horror ! Pasar por el pánico de no hacer, en el fondo traspasar el miedo atroz a ser transparente, invisible, no buscar la mirada ni de amor ni reconocimiento. Reconocer el dolor, al niño dentro de nosotros que busca desesperadamente a papá y a mamá. Entender que no hay un papá y mamá allí fuera, sino que nuestro Ser proyectó a esos seres, que son nuestros progenitores para que hicieran "su trabajo" dándonos o quitándonos todo su amor. ¿ Para qué? ¿ Por crueldad? No, por Amor y compasión, para que conectáramos con la Fuente Real, el Padre/ Madre verdaderos, la Fuente de Vida que transciende lo humano y cualquier polaridad. Hasta que no sintamos en nuestros cuerpos, en nuestras vísceras, en lo más profundo de nuestras células que lo único que buscábamos es la fuente equivocada. Hasta que no entendamos que no hay nada que hacer para ser reconocidos ni amados, que no es algo a conquistar, ni ganar, sino que esta Inteligente Energía siempre está presente y disponible. Hasta que no consigamos estar y Ser sin hacer nada, desprendernos de la necesidad de ser amados y reconocidos, seguiremos convirtiendo el Yoga y la Meditación en nuestra Fuente Padre/ Madre y persiguiendo la zanahoria, danzando frenéticamente en la búsqueda del Amor. 

Nada. No acción. No mantra. No mudra. No asana. No cuarentena, ni novena, ni nada. Nada, es nada. Pasar por el terrible trago " SI no hago nada ¿ quien me mirará¿ ¿ quien me amará?".  Nada. Nada. Nada. Silencio. Quietos. Desapegarse de la acción neurótica. Descondicionarse de la necesidad de "hacer algo". Meditar, en el fondo, desde la herida, es hacer. Y en este hacer, en el fondo, buscamos la tan anhelada mirada y el trofeo: no sentir más dolor, ignorando que lo que hacemos es generar más expectación, y por ende, dolor. Nada. Nada. Nada.

Conectar con la herida, el sollozo interno, el llanto y el desconsuelo, perdonar al Padre/ Madre malos, que no es otra cosa que perdonarnos a nosotros mismos el haber exigido recibir lo que no se nos dio. Cortar el cordón umbilical del Padre/ Madre demasiado buenos y bajarlos del pedestal. Liberarse de la necesidad de la mirada de amor y reconocimiento de papá y mamá nos hace seres libres, creativos, autoresponsables, sin excusas. 

¿ Sabes? Cuando llega este momento, ya no necesitas ni meditar, ni practicar ni nada de nada, entonces es cuando la meditación y el yoga son puro placer y alegría.

Cuando te das cuenta que tu Meditación y el Yoga son más importantes que tu Ser, ¡ Atención! Algo pasa. Quieto. Silencio. Escucha. 

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