Verdadera gratitud



" Ostras , no hay ningún alumno del centro aquí…qué chasco…pues vaya…que desilusión…", me dije muy triste i decepcionada. 

Hace un par de años decidí montar varias actividades gratuitas de yoga, meditación y muchas sorpresas más para celebrar el primer aniversario del centro nuevo. Mi intención era dar las gracias a todos los alumnos del centro, sin ellos no existiría ni yo estaría entregada a las clases, los talleres, las terapias. Con el entusiasmo que siempre me mueve, lo organicé todo con mucha ilusión, con el deseo que fueran actividades del agrado de todos. 

Llegó el fin de semana en cuestión con la primera actividad, quizá una masterclass de yoga y meditación. En la sala había muchas personas, repasé las caras sonriente y me di cuenta que allí no había ningún alumno del centro, nadie, ninguna cara conocida. Un montón de personas y la mayoría ni tan siquiera del pueblo. Se iban aposentando en sus esterillas, yo entraba y salía, acabando de dar la bienvenida a los rezagados y nada de nada, ningún alumno o cara conocida. 

Confieso, me puse muy triste y hasta me enfadé interiormente. " Menudo desastre…¿ Y ahora qué? Esto era para ellos, para los alumnos del centro, era un acto de gratitud mío hacia ellos…". Mi mente daba vueltas en círculos y me hubiera puesto a llorar a no ser por esa vocecita que afortunadamente habla alto y claro si estoy atenta. " ¿ No querías gratitud? Pues entra dentro! Todas estas personas estarán muy agradecidas de recibir una masterclass de yoga gratis. ¿ No se os llena la boca a todos los yoguis new age con el "todos somos Uno"? Pues si todos somos Uno ¿ Qué más da quien te muestre ahora la gratitud? ¿ Qué más da si son alumnos o unos perfectos desconocidos? ¿ No era la gratitud lo que querías experimentar? Pues aquí hay un montón de personas dispuestas a mostrártela. Entra y da lo mejor de ti. ¿ Qué importa la persona, su nombre y apellido?". 

Entré, di la clase y donde hacia unos minutos había desilusión se transmutó en verdadera gratitud. Me sonreía pensado en lo simples que podemos llegar a ser a veces las personas, lo poco atentas que somos cuando vivimos detrás del velo de la ilusión. La ilusión de creernos separados, pequeñitos, limitados. Somos como bonsais espirituales, muy poco coherentes hasta que la vida te manda una lección de humildad como la que viví ese fin de semana. Entendí lo que realmente significa el Karma Yoga, el yoga más elevado, la acción desapegada de los frutos, más allá de las pretensiones del pequeño yo está la voluntad de la Vida y la Vida quiso que experimentara la verdadera cualidad de la gracia, de la gratitud. 

El fin de semana transcurrió envuelto de un halo mágico de verdadero estado de gracia, entre caras desconocidas, ( mis alumnos nunca llegaron, ni uno sólo) pude sentir la dicha real, la entrega sin condiciones y anclar en el centro la verdadera energía de la gratitud, más allá de lo que mi mente un día imaginó.

Todos somos Uno y si se me olvida, la Vida se encarga de recordármelo.

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