Sin excusas


" Menudo rollo", pensaba mientras acompañaba a mi compañera de despacho a yoga.
Mi primera vez, entusiasmo cero. La única motivación era que Tere estuviera mejor, aunque fuera practicando el coñazo este del yoga. Se acababa de quedar viuda con 35 años, no sabía como sostener tanto dolor, ni por donde empezar a recomponer su vida que se le había desmoronado en una exhalación. " Lali acompáñame", y como no! La acompañé
" Ya me he quedado sin gimnasio hoy…", refunfuñaba interiormente. 

No me voy a alargar más en estos detalles, lo que ahora quiero alumbrar es el motivo por el cual seguí practicando. El por que a pesar de todos mis prejuicios respecto al yoga, ahora incluso soy profesora, tengo mi propio centro y hace un montón de años ya no ejerzo de abogada. Ah! Y el gimnasio pasó a la historia ( mis rodillas aplauden la decisión!). 

Salí de mi primera experiencia, de mi primera clase de yoga extrañamente en paz, había movido mi cuerpo, cosa que me encantaba, había meditado, cosa que no me gustaba tanto pero hacía tiempo practicaba por mi bien y el de los que me rodeaban. El conjunto de cuerpo, meditación, respiración me hizo sentir de una forma nueva, sutil, no era para tirar cohetes, no era el subidón de después de una clase de aerobic, era distinto, ¿era algo parecido a la paz? Mi mente funciona rápida, pillo las cosas a la velocidad del rayo, captó las sutilezas antes de que pueda poner palabras y la razón se interponga con su lógica aburrida. Entendí muy rápido. " Me apunto ¿ qué tengo que hacer?". 

De camino a casa puse las palabras que mi intuición no necesitaba pero mis prejucios recién desmoronados, sí.
" Vamos a ver, Eulàlia, ahora diríamos que estás bien. Lo gordo, lo chungo ya lo has pasado. Ahora que estás más o menos bien, ahora es el momento de practicar. Quizá así, cuando venga otra vez la vida con sus sorpresitas estarás mejor preparada…". Hacía tres años que mi madre había muerto, dos que mi hermana había muerto, mi ex seguía dando mucho la lata, pero ya estaba acostumbrada a lidiar con ello. Lo chungo, realmente ya había pasado. Ahora que más o menos todo estaba en orden, tocaba dedicarme a mi. Si con una sola sesión de yoga había tenido la oportunidad de "ver" tanto, de obtener tanta información de mi misma, imagina si practicaba cada día! 


Este fue mi principal motivo: practico yoga porque ahora estoy genial! 

Fue una buena elección, porque a en un par de años mi otra hermana murió, también. Fue duro. Pero yo iba entrenada, esa "marathon" la pude superar con más fuerza, entereza, paz, conciencia. 

Me doy cuenta que las personas somos bien extrañas, tenemos el "síndrome del bombero", es decir la costumbre de andar siempre apagando fuegos, ir al límite, llegar a tocar fondo para ponernos las pilas. Sí o sí, la Vida nos va a confrontar con nosotros mismos, antes o después. Cuando las excusas se nos terminen, cuando ya no podamos señalar más allí fuera a los culpables de nuestro desasosiego, llegará este momento que nos tendremos que mirar en nuestro propio espejo y hacernos cargo de lo nuestro, responsabilizarnos de nosotros, madurar, crecer, ser auténticos, libres y sin excusas. 

¿ Por qué esperar a estar desesperados para empezar a recomponer nuestro puzzle interno? ¿ Por qué no empezar ya a mirarnos, re-conocernos para re-membrar nuestros mil pedacitos esparcidos y construirnos de una sola Pieza? Ya sea con el yoga, o tocando los bongos ¿ Qué más da? La cuestión es no dormirse en los laureles y dejar de apagar fuegos y disfrutar un poco más. Enraizarnos en nuestro Ser y no tanto en el tener o hacer.

Mejor prepararnos para la paz en tiempos de paz. ¿ No?

Y tú, ¿ qué motivo tienes para mirarte dentro? ¿ A qué esperas?

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