Si haces yoga, no te enfades.

” Tu haces yoga, no deberías ponerte nerviosa”, me dijo una chica el lunes.

Acababa de hacer una pequeña audición de flauta, y la verdad es que estaba de los nervios. Mi cabecita montó un festival de los gordos, debía tocar ante una “autoridad”, un flautista conferenciante reconocido. ” Voy a hacer el ridículo, voy a destrozar a Vivaldi, que vergüenza….”. Todo este discurso tan constructivo se reproducía en mi mente mientras esperaba mi turno para tocar. Llegó el turno, yo y mis prejuicios nos acercamos al piano y toqué. Lo pasé incluso bien mientras interpretaba la sonata.

” Lo has hecho genial!”

” Buufffff, estaba de los nervios, me moría de la vergüenza”

Y ahí viene la frase: ” Tu haces yoga, no deberías ponerte nerviosa”.

Y no es la primera vez que escucho algo similar, ” Tú haces yoga no deberías enfadarte…estar triste…deberías ser buena…bla bla bla”.

Vamos a ver, dejemos claro algo, desmitifiquemos el yoga, por favor. Hacer yoga no nos convierte en seres iluminados, individuos zen que nunca se enfadan, se ponen tristes o en un momento dado sacan al gremlin que llevan dentro. Practicar yoga, meditar precisamente te confronta con la más esencial de ti, te conecta sí o sí con la luz e inevitablemente con la sombra, lo más oscuro y feo que hay en ti… y a pesar de ello, reconocer, saber, comprender que más allá del blanco y el negro, la luz y la sombra, el bien y el mal hay una realidad quieta, pacífica y bondadosa que observa, acepta y recibe sin jucio.

En definitiva, todo este rollo para decirte que practicar yoga no evita la rabia, los nervios, la tristeza, pero sí evita que te confundas, es decir, que te creas que la rabia, la tristeza o los nervios eres tu y que se quedarán para siempre. Hacer yoga, meditar te permite reconocer la rabia pasando a través de ti, o la pena o los nervios y saber que “ésto, también pasará”.  Practicar yoga y meditación te da la libertad más grande que existe y es la de escoger: ” ¿Me identifico con lo que siento? o ¿ me identifico con ese testigo quieto y amoroso que ahora experimenta eso?”.

Desengañémonos, somos seres humanos o como mejor dicho, seres espirituales con una experiencia humana y ello implica  pasar y experimentar todos los estados, los que etiquetamos como bonitos y elevados y los que etiquetamos como feos y densos. Sé que seguiré experimentando nervios cuando tenga que tocar de nuevo la flauta delante del público, que sufriré por mis hijos, que me enfadaré o indignaré ante lo que considero una injusticia… y que a pesar de todo ese Dragon Khan, ” yo no soy eso… eso también pasará”.

Este es el regalo del yoga y la meditación, después de años de práctica, compromiso y disciplina.

¿ Quieres experimentar este regalo?

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