Ser prospero

” Yo podría tener dromedarios, pero prefiero dar trabajo a otras personas de la zona, así el dinero corre y va a más sitios. Ahora hay personas que quieren acapararlo todo ellas, pero así no se hace la riqueza”, me dijo hace unos días Mobarek, mi amigo del desierto en su peculiar español.

El desierto y su gente me enseña más que los libros o las formaciones carísimas. Por eso voy una y otra vez. Con esta frase sencilla, sin más pretensiones Mobarek me mostró una de las semillas de la prosperidad. Todos queremos la prosperidad y la abundancia en nuestras vidas, pero pocos vivimos y actuamos con una actitud próspera.

La riqueza no tiene que ver con las cosas externas, sino con una mentalidad rica que inevitablemente manifiesta riqueza en el sentido más amplio. Una actitud rica y próspera tiene que ver en crear lazos de prosperidad entre las personas, tiene que ver con un deseo y entusiasmo que otros sean prósperos, también. La prosperidad nace cuando se crea red de persona a persona, de corazón a corazón y la sinergia es un motor de creatividad infinita.

A menudo, el miedo y los pensamientos de escasez nos llevan a la competición, la codicia, no compartir nuestra creatividad ni dones, a la zancadilla y concentrarlo todo en nosotros impidiendo pues que el dinero corran y la riqueza se escampe.

La prosperidad no es un hecho sino un estado del Ser, tiene que ver con el amor, que sólo crece y se multiplica cuando se reparte, tiene que ver con la confianza y la rendición, en saber que es ilimitada, infinita. La prosperidad se revela cuando nuestros corazones se convierten en un terreno fértil donde toda semilla no tiene más remedio que germinar, crecer y dar frutos y hacerlo en abundancia.

Y tú, ¿ quieres prosperidad o piensas de forma próspera?

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