La Muerte, mi íntima amiga.

En aquel entonces, mi vida era la travesía de un desierto árido, un éxodo doloroso, la búsqueda de la Tierra Prometida sin ninguna garantía de encontrarla. Sequedad, frío, soledad, desamparo, confusión, miedo y una gran dosis de Fe. No hay palabras para definirme en aquellos días. Mi madre había muerto dos años antes, mi hermana murió hacia escasamente un mes. Mi divorcio, después de 10 años de matrimonio y cinco hijos muy pequeños se había puesto en marcha, por fin había encontrado el coraje, no había vuelta atrás. Expulsada literalmente del clan familiar por rebelde, " Eres una vergüenza. Estás enferma, has perdido el norte, eres una mala madre", eran mis mantras diarios, destructivos, terribles, la voz de mi culpa y de mi pena en "dolbysurround "de la boca de los supuestamente míos. Sin un duro, sin ayuda, sin nada de nada. Nada era lo que yo era. 

Y en este acoso y derribo que se había convertido mi vida, me encontraba yo, tratando de saber quien era. " Quiero brillar con luz propia. Me lanzo al abismo, eso es lo que hago, por narices me van a salir las alas". Ese era mi mantra personal, el que me sostenía en pie. Eso y mi amiga íntima: la Muerte. Sí, sí, Ella. 

Cada día que podía, al atardecer iba al cementerio del pueblo. No tenía ningún interés en visitar las tumbas de mis mujeres. Para nada, las llevaba en mi corazón y tampoco las lloraba, las celebraba a mi manera. Saltaba la valla y me sentaba al borde de un acantilado, justo delante del mar. Las vistas desde este cementerio son sublimes. Desde ese lugar de privilegio, muy mío, dejaba que la Vida discurriera. No estaba sola. Un día empecé a dialogar, así sin más, normalmente mantenía diálogos con mi Dios, pero en aquella ocasión era muy diferente. Era como hablar con alguien muy importante y a la vez muy cercano y sabio. 

" Oye tu, aquí me tienes, hecha una mierda, pero con una pizca de fe en la vida todavía ¿ qué hago ?". 

" Arriésgate. Confía. Atrévete. Adelante. Lánzate. ¿ De que coño tienes miedo ?".

Este era el estilo de nuestros diálogos para nada trascendentales, y a la vez en su simpleza, mucho, de vez en cuando un buen taco me ponía firme. 

Me di cuenta que mi amiga malhablada, irreverente, divertida y la que me ponía las pilas era ni más ni menos que la Muerte. Le puse cuerpo, cara, voz, textura, literalmente encarnó de una forma muy concreta, sólo para mi y aparecía cada vez que la llamaba. Nunca tuve ni he tendido una compañera tan fiel.

" Mira que eres lúgubre…¿puedes ser más oscura?…todo el día hablando de la Muerte…", me han dicho en más de una ocasión. No saben lo que dicen. Mi amiga la Muerte fue la gran maestra en aquellos días, que fueron años . Todavía sigue siéndolo, ¿ cómo podría ser de otra manera?.

Cuando me atasco, cuando el miedo me cierra la garganta, la culpa me arrincona, cuando las dudas no me dejan avanzar, cuando me pierdo en el eco repetitivo de mi propia autobiografía tan pesada, cuando el pobre personaje que creo ser me posee...¡ Ahí está mi amiga del alma! " Por el amor de Dios ¿ qué coño puedes perder ¿ qué es lo peor que te puede pasar? Anda tira y no jodas más, pesada". Ahí está ella sublime, trascendental, transgresora, incómoda, irracional, compasiva y lúcida, mi amiga la Muerte.

De hecho, fue un re-encuentro, cuando era niña solía hacerme la pregunta " Vamos a ver ¿ qué es lo peor que te puede pasar?", silencio. " Morirme…y total eso lo voy a a hacer igual tarde o temprano…¡"palante"!…" Y así mi vida se iba construyendo a base de diálogos con mi íntima amiga Muerte. Hasta que me olvidé. Cuando nos hacemos mayores y nos creemos importantes perdemos la chispa que encendía nuestros sueños infantiles, los reales. Afortunadamente, la Vida en su infinita generosidad, en mi derrumbamiento me trajo a la niña que fui con su simple pregunta. Mi niña me trajo de nuevo a la Muerte. 

 

Cada duda, es una oportunidad a morir a la fantasía. Cada pellizco de pánico un regalo para dar muerte a las historias que se repiten, a la culpa, la pena, la soberbia, el afán de reconocimiento. " ¡Para de dar la lata, plasta, date cuenta, re-conócete de una puñetera vez! Madura, ponte en pie y camina y se ti caes, vuélvete a levantar. Deja de tomártelo todo tan en serio, hija mía, ¿ se puede tener más vanidad? No lo creo. Diviértete, goza, ríe, llora, haz lo que sientas, pero sé real, total, auténtica. O todo o Nada. Mírame, ¿ Acaso yo soy mediocre? ¿ Tibia ? Cuando finalmente llegue tu fin aquí en este Planeta, ¿ qué tanto por ciento de ti va a morir ? Todo. ¿ Acaso te crees que vas a morir solo un pequeño porcentaje ? Me da la risa.Todo, la totalidad de ti muere porque en el fondo Nada muere. Vive desde esa totalidad, pues, no me seas tibia . O todo a Nada. Lo demás no es vivir, es vegetar, sobrevivir al miedo, al terror. Vive Toda entera y real. ¿ No te has dado cuenta ? Quien eres de verdad, el Misterio de quien eres ¿ Acaso muere ? Anda, déjame un poco tranquila y ve a hacer tus cosas" 

Cuando te das cuenta que todo está perdido,  porque en realidad, nunca "fue", ya no hay nada que temer, ninguna duda, no más búsqueda. El quieto reconocimiento de quien soy verdaderamente y de que narices hago aquí. Ser, estar, mantenerme en la disponibilidad del momento presente y danzar en la paradoja, el misterio, el asombro de no saber nada de nada. Y eso me empuja desde un lugar desconocido, misterioso, insondable, el fondo del abismo habitado por mi amiga, la Muerte. Ya no vivo en el terror y la incertidumbre de mi última exhalación, sé que cada momento presente es el regalo de la última exhalación, la que me permite morir un poco más y mantenerme humilde y disponible, abierta y receptiva a la sorpresa, como una niña. Sin propósito, ni expectativa, ni plan ni proyecto ni nada de nada. 

Ella y yo somos inseparables. Ante su mirada,  me postro, me maravillo, me fundo, porque Ella y Yo somos Uno. Entonces camino a través del miedo, como quien pasa a través de una suave bruma, corro el velo de la ilusión y penetro en la Realidad .

Y desde ese lugar, me dejo hacer. 

¿ Acaso tengo elección ?

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