Hacer meditación es inútil.

"¿ Cuando se nos enseñará una meditación que no busque nada, sólo aceptar lo que hay? Sólo eso….Dios, que pesadez..." 

No me acuerdo de la respuesta. Sólo sé que era un curso llamado " Mente y Meditación" y que yo estaba cada vez más furiosa. Se nos enseñaba una meditación para cada cosa, propósito o tema. Cuanto más meditaba, más rabiosa. Cuanto más perseguía " no sé qué ", menos encontraba " no sé qué". La rabia fue un buen motor que me empujaba a buscar y buscar, meditar, hacer yoga y un curso y formación detrás del otro para alcanzar la tan anhelada paz y por fin descansar. No te vayas a pensar que estaba dando gritos todo el día, pero si había un trasfondo de enfado o ira muy bien camuflada en mi búsqueda " ¿ Cómo puede ser si ya he terminado mi cuarentena y todavía sigo igual?", no era del todo cierto, no seguí igual, sino peor, enfadada, decepcionada y desesperanzada. Pero claro, siguiendo a rajatabla mi papel de "hacer" , seguí haciendo meditaciones, como churros. Recuerdo mi luna de miel, hace cinco años " Perdona cariño, voy a hacer mis meditaciones, dentro de una hora vuelvo ", este marido mío es un santo y sonrío mientras escribo esto. 

Cambiaba de meditaciones, de mantras, mudras, asanas y de maestros cuando no conseguía lo que buscaba. Iniciaba cada cuarentena con un gran entusiasmo y fe, cada nueva meditación era motivo de ilusión y sobretodo esperanza de un desenlace feliz. Mis emociones fluctuaban de la rabia a la  desesperanza, decepción, tristeza y falsa aceptación, es decir, resignación. Pero yo no me rendía, y en mi neurosis, incluso hice una meditación para la rendición, una locura, vamos. Y me autoengañaba,  quería pensar que lo hacía desde un lugar de armonía y aceptación, " Es tan bonita esta meditación….el mantra me conecta tanto con el corazón…lo hago por que quiero, porque disfruto…. ". ¡Mentira y de las gordas! , lo hacía porque buscaba y buscaba y no encontraba. " Esta meditación es preciosa, me transporta….". ¿ A dónde? En mi loca búsqueda me había olvidado que el único lugar que anhelaba era aquí y el tiempo era ahora. 

Empecé a entender algo, " ¿ Qué pasaría si no pudiera meditar nada, estuviera totalmente postrada en la cama, ciega, sorda, muda? ¿ Me amaría Dios ? ¿ Encontraría a Dios? ¿ Sentiría por fin la Unidad? ¿ La dicha?", mi mente desesperada se hacía este tipo de preguntas. Sólo imaginar que no hacia mis meditaciones, largas, tediosas y a veces dolorosas, mi mente entraba en chock. " Ni hablar, voy a meditar, hay que esforzarse, seguramente el premio está a la vuelta de la esquina. O quizá cuando alcance el pico de dolor o desesperación el ego se rendirá y entonces seré dichosa". Afortunadamente la vida con su perfecta Inteligencia me lo puso a huevo, me puse muy mal, no tenía energía, me estaba poniendo enferma de veras, a parte de cansada, medio bipolar, enfadada aunque disimulara. Mientras meditaba todo iba más o menos bien, en cambio durante el día, en ocasiones se me llevaban los demonios y luego me sentía avergonzada y culpable. Decidí dejar mis meditaciones, de golpe en una acción que surgía de algún lugar recóndito y desesperado " Dejo de meditar. Quiero ser yogui, no yonqui", le escribí a mi maestro de entonces. No creo que entendiera nada, pero no me importaba ni tan siquiera su opinión. Estaba hasta el gorro de tanta incoherencia, malhumor, mal rollo, cansada de una espiritualidad que lejos de acercarme a la beatitud me ponía en contacto con lo más miserable en mi y los demás. Probaría con otra estrategia, " No meditaré, no haré nada a ver si así me llega el momento". 

Fue un paso importante, pero para nada el decisivo. ¿ Por qué ? Porque en el fondo de mi misma había una demanda y un sordo sentimiento de esperanza, " A ver si así lo consigo". ¿ Quien quería conseguir qué ? ¿ Desde dónde me lancé a esa "pretendida nada"? Lo pasé fatal, fue como un proceso de deshabituación de una droga dura. Entendí que me había hecho adicta a la meditación. Salir de ahí me llevo un buen tiempo y alguna recaída. 

Un día, sin más y porque sí, caminando por la calle, delante de la librería de mi pueblo " Zas, ostras….ahora lo veo…." y seguí caminando sin más, pero algo en mi había hecho Clik, sin previo aviso, sin ninguna razón aparente, porque sí y sin más. Sentí una paz imposible de describir, muy tranquila, muy cotidiana, humana, mundana, simple. Seguí haciendo mis cosas, nada había cambiado y todo había cambiado. 

Qué curioso, justo cuando el ego había bajado la guardia la Vida se coló por la puerta de atrás y " lo vi" nítidamente, precisamente porque no tenía ninguna intención o propósito de ver o sentir nada. Caminando en el lugar menos espiritual que te puedas imaginar, ninguna fuerza telúrica ante aquella librería, no estaba sumida en ninguna meditación ni tarareaba un mantra, sencillamente caminaba por la calle absorta en mi caminar. 

Entendí lo que significa no hacer nada de nada para que la meditación se revele sin más y por que sí. Simple y llanamente, tan fácil como la Vida, sin complicaciones ni enrevesadas explicaciones o estrategias mentales. Meditar lo puede hacer cualquiera, vivir meditativo, eso también, pero no es algo que se hace o se elija, sino que surge, emana, porque sí, espontáneamente, sin pretenderlo, ni buscarlo, ni anhelarlo, ni nada de nada de nada. De hecho cuando decimos " Voy a meditar…estoy haciendo meditación…vamos a meditar…¡meditemos!", estamos haciendo de todo menos meditar, a lo sumo es alguna estrategia de la mente para auto-engañarse y hacernos creer que esa acción es útil para algo en particular.  Meditar no se hace, surge de forma natural sin hacer, ni pretender. Hacer meditación,  ponerse a meditar es otra de las tretas de la mente. Ponerse a meditar es totalmente inútil para los fines que  uno se pone a meditar: la anhelada dicha. 

Desde entonces, ese click se ha ido desplegando. No puedo decir que sea un Ser iluminado, aunque ¿ Por qué no ? Sé quien soy y de qué "material estoy hecha", como tú. Sé que sin hacer nada, irán cayendo los velos, me iré desprendiendo de las creencias, programas que velan y opacan la luz. Sucede sin que haga nada, la vida me lo trae a cada momento cuando me sorprendo en algún juicio o queja, voy soltando de una forma fácil como cuando exhalo. Ya no busco rituales, ni fórmulas, ni mantras ni soluciones a nada. Sé que de una forma muy simple la meditación surge de mi sin que haga ni pretenda nada. Por que sí, sin más. Ya mi mente no busca una explicación a eso, me estoy volviendo muy tonta, porque mi inteligencia no me llevó más que a elaborar tos tipo de estrategias.  Tampoco pretendo inspirarte con lo que escribo, ni darme aires de nada, ni "explicar mi caso", ni pretendo tener razón en nada ni que estés de acuerdo. Me ha apetecido escribir esto, porque me divierte escribir, me lo paso bien. Porque sí, sin más, simple y llanamente. Fácil. Simple. Tan simple que hasta puede dar un poco de rabia o levantar las sospechas del Ego. 

Sé que estoy en este estado,  cuando soy feliz sin ninguna razón para serlo. Cuando eres feliz y sabes por qué, detente. No estás siendo feliz, quizá es otra cosa, pero si sabes cual es la razón de tu estado, si tu mente lo puede explicar, lo puedes relatar, es otra cosa, todo menos dicha. La meditación, así como la dicha aparecen surgen sin hacer nada, por que sí y sin razón aparente, sin causa ni propósito. 

¿ Acaso se necesita una razón para la dicha ?

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