La verdad, y sólo la verdad.

" Hola! Cuanto tiempo", me alegré de veras. Cuando un alumno lleva meses sin venir y de repente aparece, me da una alegría. " ¿ Todo bien?

" Sí. No he venido durante tanto tiempo porque….", hizo una breve pausa. " ….porque no quería…me daba pereza, la verdad". Me dijo con una amplia sonrisa. Su expresión era radiante, sus ojos brillantes, toda ella expresaba coherencia. La coherencia con la verdad interna profunda es el mejor maquillaje, precisamente porque no oculta nada. 

" Me encantas!". 

Realmente me hizo feliz su respuesta, sincera, real, sin maquillaje. ¿ Cuantas veces ocultamos nuestra verdad más profunda con todo tipo de excusas y justificaciones? Y lo que es más grave ¿ En cuantas ocasiones nos mentimos a nosotros mismos con todo tipo de artilugios y estrategias, excusas y verdades a medias? Ojo, no lo escribo como un juicio moral. Me lo escribo para mi misma y si a ti te inspira y te acerca un poco más a ti, genial. No hay juicio, sólo observación, me voy a poner a mi misma como ejemplo y quizá te veas reflejado en alguno de los tópicos que voy a nombrar. 


" Es que no tengo tiempo…no tengo dinero….tengo mucho trabajo….". Estas están en los "top ten" de las excusas, las he dicho un montón de veces y las he escuchado otras tantas. 

Lo del tiempo tiene su gracia, todos tenemos el mismo, 24 horas de regalo cada día para que hagamos con él lo que más nos plazca. Lo que oculta esta excusa es nuestras prioridades y decisiones no la cantidad de tiempo que se nos regala a diario. No se trata de que hoy los dioses no fueron generosos con el tiempo que me tocó en gracia, sino que, " es que me he pasado toda la tarde mirando la tele…me ido a dormir a las tantas trasteando por Facebook…me fui a tomar unas birras con mis colegas….he ido al cine…etc, etc….". Si somos honestos, el tiempo nunca es excusa, todos disponemos exactamente del mismo, ni más ni menos, si indagamos un poco en nuestra verdad, descubriremos cuales son nuestro orden de prioridades y nuestras decisiones y que tal andamos con la gestión del tiempo. 

En cuanto al dinero, es un tema delicado . Cierto es que no estamos en un momento de alegría económica en que atamos los perros con longanizas, es verdad. De todos modos me doy cuenta que en ocasiones tampoco es cierta esta excusa, no es que no tenga dinero, es que a lo mejor he gastado mi presupuesto en ir a la peluquería, o de cena, o al cine o comprándome unos pantalones preciosos o un libro o yo que sé….en fin, otra vez, si somos honestos también podemos descubrir nuestras prioridades y conocernos mejor. Me acuerdo una vez que me encontré una ex alumna por la calle y me decía mientras encendía un cigarrillo " El día que tenga más pasta me vuelvo a apuntar, echo tanto de menos el yoga, me iba tan bien….", me decía entre calada y calada. No juzgo esta actitud, yo misma he utilizado esta excusa más veces de las que me gustaría, y si quiero ser sincera, todas las veces ha sido una gran mentira. Como también me doy cuenta que el dinero ha aparecido de la "nada" cuando he tenido una fuerte motivación para hacer algo, un curso, una formación, una terapia o ir de cena.

La del trabajo tiene su gracia. Me viene a la memoria cuando empecé a ejercer de abogada, ya tenía a mi hija Mar y estaba embarazada del segundo, iba de culo. En el despacho y entre los abogados en general, está muy extendido ir a tomar café a todas horas, antes o después de un juicio, a media mañana, a media tarde, o pasarse horas hablando por teléfono …y luego, claro, el trabajo se acumulaba " tía voy hasta arriba, no tengo tiempo de nada, me quedé en el despacho hasta las once de la noche…tuve que venir el domingo a currar…". Me di cuenta que yo no podía permitirme tanto café, ni tanto devaneo por los juzgados o el teléfono, tenía que organizar mi trabajo a la perfección para poder llegar a casa a una hora decente y estar con Mar. Con lo que decidí que la excusa del trabajo, no era más que eso, una excusa que oculta la falta de organización y gestión de nuestro tiempo, o la necesidad de reconocimiento del jefe o mostrarme como una persona "currante" entre mis compañeros o vete tu a saber. 

Algo que merece mención especial es " No he podido ir por los niños…es que mis hijos bla bla bla…..". Mira, quizá me ponga borde, puede que sí, pero esta excusa me parece muy peligrosa. Que le carguemos el "muerto" al tiempo, al dinero o al jefe, tiene un pase, pero que se lo carguemos a los hijos no. Hace un montón de años, tenía a mis dos hijos súper pequeños y estaba con un bombo de 8 meses de mi tercero que nació con 4.500 y medio, imagina! Tenía que ir a no sé que cumpleaños de algún familiar y le dije a mi madre " Di que Mar está enferma", dije sin ninguna conciencia. Me cayó la del pulpo por parte de mi madre y entendí. Nunca más he usado a los hijos como parapeto a mi pereza, en este caso. Los hijos nunca son excusas, por favor madres, atentas! Y te lo digo yo que tengo cinco, y soy madre divorciada con todo lo que ello implica. Madres, seamos honestas. Hablo por mi, que a menudo he bailado entre la frustración por no haber podido hacer lo que me apetecía y la culpa por haberlo hecho. "Si me quedo en casa con los niños y los uso como excusa, ellos se comen mi frustración. Si me voy y los dejo en casa con el canguro, el papá o la abuela, me siento culpable". Mejor trabajarnos los sentimientos de culpa a que carguen ellos con nuestra rabia o impotencia, ¿ no te parece?. 

Y por último ahí te dejo una serie de expresiones que no son más que un maquillaje a nuestra verdad oculta. " Deja que me lo piense…. en principio sí….a ver si puedo….lo intentaré….a lo mejor me paso…a ver…te digo algo….". Tienen tan poca fuerza que ni cuando lo decimos lo creemos de verdad porque sabemos que ni lo vamos a pensar ni tan siquiera a intentar, sólo queremos salir del paso de la forma menos comprometida y airosa posible. 

 

¿ Y para qué tanto desgaste de energía? Con la fácil que sería decir la verdad " Me da pereza…prefiero quedarme en casa mirando la tele…me he gastado la pasta en un finde con mi pareja…quiero quedarme en casa con mis hijos….no te trago...no tengo ganas, simple y llanamente…". ¿ Sabes cual es el tema? Nos construimos minuciosamente un personaje, una imagen, una máscara perfecta de quienes queremos mostrar ser y vamos por la vida defendiendo al personaje, tanto es así que nos ocultamos incluso de nosotros mismos. Al final, tanto identificarnos con el disfraz, olvidamos quienes somos realmente. 

¿ Cual sería el camino de vuelta a casa? ¿ Cómo encontrar la coherencia con nosotros otra vez? Cada vez que te sorprendas con un "tengo o debo", seguido con cualquier pretexto, pregúntate " ¿ Quiero?". En lugar de poner el poder "ahí fuera ya sea el tiempo, el dinero, los hijos o el trabajo", mejor mirar dentro y hacerse responsable de la verdad que oculta nuestra justificación. A lo mejor la respuesta no nos complace y descubrimos que somos unos vagos, celosos, maleducados, caprichosos, calzonazos, cursis, desorganizados, manirrotos, ….pero al menos seremos verdaderos y auténticos.

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