El jazmín y la colaboración: lección de humildad y grandeza.

No es necesario que salga de casa, ni tan siquiera que me levante de la silla donde ahora estoy sentada para que el delicioso aroma del jazmín me penetre con su dulzura. Créeme, es un privilegio recibir este regalo a todas horas cuando florece. Por más que se esfuerce, el ser humano ha sido incapaz de imitar un perfume tan rico en matices, tan sensual y delicado. " Parece mentira, una flor tan pequeña, como puede desprender tanto dulzor, tan penetrante, delicado e intenso a la vez…¿ Cómo es posible que un perfume tan inmenso nazca de una flor tan diminuta?".  Muy sencillo, es la suma de muchas flores que juntas y en perfecta colaboración y armonía desprenden toda su esencia más pura, se regalan con su presencia quieta y humilde. Una sola de las flores también perfuma, pero tienes que acercártela a la nariz para captar el olor, en cambio todas juntas emanan su perfume a varios metros a la redonda.  

 

Cuanto tenemos que aprender de la naturaleza! Que rápido nos desconectamos de lo esencial!. Medito en este jazmín y me doy cuenta que el secreto de tanta generosidad y abundancia está al alcance de nuestra mano, si osáramos, si nos atreviéramos a desprendernos de tanto miedo que nos habita.  

Para empezar, cada una de estas diminutas flores en ningún momento se ha planteado que pudiera ser algo distinto a lo que es, " si fuera tan grande como mi vecina la rosa, tan vistosa, solo con mi presencia bastaría….si fuera tan sofisticada como la orquídea, tan elegante….si fuera tan robusta com el olivo de enfrente todo serán más fácil…..blablablá…". Cada diminuta flor, blanca, sencilla, acepta plena y abiertamente quien es y así lo expresa sin doblez ni fisura. Primera lección de autoaceptación y amor. ¿ Cómo sería nuestra vida si aceptáramos quienes somos sin pretender ser otra cosa distinta a lo que somos? ¿ Qué tal nos iría sin la envidia, por ejemplo? ¿ Qué tal si nuestro amor propio se nutriera de sus cualidades innatas en lugar de desear las ajenas? ¿ Cómo sería aceptar nuestra soberanía interna, nos sentáramos en nuestro propio trono, nos coronáramos en lugar de desear el trono y la corona del vecino? 

Luego, para continuar, florecen juntas y juntas crean la belleza y la armonía en perfecto equilibrio y colaboración, para nada el discurso tan humano de " es que si tu sobresales a mi no se me ve…no me hagas sombra…hazte de lado dame espacio que no destaco….", en ningún momento estrategias ni luchas de poder a ver quien es más guapa, más blanca, más olorosa, más no se qué…. "juntas lo hacemos y juntas llegamos más lejos que solas", ellas desde su soberanía interna, su presencia saben que no tienen nada que demostrar ni defender, ni territorio a proteger, ni ganancia a luchar ni miedo a perderla, ellas se regalan juntas sin miedo a no obtener reconocimiento ni la palmadita en la espalda. Segunda lección de colaboración y humildad. ¿ Qué tal sería si abandonáramos la idea que luchar contra el otro nos trae ganancia y paz? ¿ Cómo sería renunciar al protegerse, defenderse, competir para ser alguien? ¿ Qué sería distinto si nos atreviéramos a colaborar en lugar de competir para ver quien es mejor? ¿ Qué paz sentiríamos si dejamos de pretender convencer que nuestra presencia es mejor que la del vecino? 

Y por último, cuando llega el fin de su ciclo, calladamente mueren, se marchitan sin dramas, sin apegos, sueltan la vida para dejar espacio a los nuevos brotes, las flores nuevas que se abren camino alegremente para regalarnos de nuevo su presencia quieta, humilde y grande a la vez. Tercera lección de desapego y abundancia. ¿ Cómo sería si viviéramos sin miedo a la muerte? ¿ Cuanta vitalidad experimentaríamos si diéramos espacio a lo nuevo? ¿ Qué sería diferente si dejáramos morir a cada exhalación cada pensamiento viejo, creencias caducas, ideas y prejuicios antiguos para dar paso a la vida y hacerlo en abundancia? ¿ Qué alegría experimentaríamos si renunciáramos de una vez por todas a tener razón? ¿ Qué pasaría si abandonáramos el miedo a no decir la última palabra?

Para el ser humano no hay lucha más violenta que defender  y proteger "la razón", no hay muerte más dolorosa  que soltar el profundo apego a tener "la razón", no hay herida más sangrante que no tener o ceder "la razón". El día que no luchemos por tener la razón, ese día habremos superado el miedo a la muerte y en consecuencia aprenderemos a vivir sin miedo. 

En definitiva, que no hay que ir muy lejos para aprender grandes lecciones de humildad y grandeza, basta abrirse a lo que tenemos delante, observemos y absorbamos de quien sabe: la naturaleza con sus ciclos, su presencia y generosidad, su abundancia y Amor. 

Y si ahora abres los ojos a tu alrededor ¿ qué lección te está regalando a ti la Vida en estos momentos?

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