de como la “espiritualidad” me alejó de la Vida…

Ayer casi lloro. Este casi es bien absurdo, uno llora o no llora. Creo que no lloré porque no sabía bien como ubicar esas lágrimas. Ahora lo tengo claro, por eso lo escribo, como quien piensa en voz alta. Escribo del tirón, sin embellecer las palabras ni pretender hacer de estas cuatro frases una obra literaria. Quizás para entenderme mejor, para ir todavía más profundo y ordenar el pensamiento que hace tiempo anda desorientado y confundido. Yo casi me atrevería a decir que este último mes he sufrido un vaciado cerebral o mental o yo que sé! Cayeron las estructuras, las certezas, aquello que me daba aparente seguridad…afortunadamente la Verdad sigue latiendo en algún rincón. Quizás por eso escribo ahora, porque a través de las palabras, esa Verdad encuentre su lugar y pulse sin vergüenza, y encuentre su latido desde su más alta dignidad en mi.

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Mirando un documental sobre la noche de los Reyes Magos los protagonistas eran los niños, como no. Sus caritas inocentes, ojos de asombro, su expresión arrobada por la magia de la noche más bonita que un niño puede vivir: unos reyes que encima son magos vienen de muy lejos, siguiendo una estrella que brilla en el firmamento, con sus camellos cargaditos de regalos, con la sola ayuda de sus pajes. Entran por las ventanas de las casas y sin hacer ruido, dejan los regalos para que por la mañana cada niño los abra y viva por un año más la magia.

Y justo ahí, llegaron las lágrimas. ¿ En qué momento perdí esta inocencia? ¿ Cuando dejé de creer en la magia? ¿ Qué hizo desaparecer el asombro y la sorpresa de mi mirada? En fin, no me quiero poner dramática, pero eso pensé. Y tirando del hilo me he dado cuenta que el vaciado cerebral del cual hablo tiene que ver con esto: andar alejada del corazón de la existencia, de la vida en su sentido literal.

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Hace muchisimos años,  empecé a profundizar en la Bíblia y textos cristianos. Me explico, fruto de mi rechazo incluso mala leche contra todo lo que oliera a iglesia, añoraba ese “no sé qué” que los creyentes tenían, eso llamado Fe, que no es otra cosa que la inocencia de corazón, el asombro ante todo y todos. Me hice con una Bíblia, la estudié, iba a clases en ese convento de franciscanos donde todo eran viejecitas y yo. Fueron tiempos deliciosos. Lo que me hablaban estos textos a mi era indescriptible. Nació un amor y una devoción hacia lo Divino, hacia Jesús y su palabra, su vida, su osadía, su amor y su verdad. Fui estudiando más y más. La Vida me regaló experiencias fuertes, la muerte de mi madre, mis dos hermanas, el divorcio y mucho más que de la mano de ese Cristo que yo amaba y amo tanto era todo más llevadero. Que cerca lo sentía entonces, justo en esos momentos.

Y una cosa lleva a la otra… y llegó el yoga y un sin fín de técnicas y terapias y yo que sé cuantas historias más! a las cuales agradezco tanto pero a la vez  se convirtieron en un arma de doble filo. Siendo devota, apasionada y más bien kamikace me lancé a la aventura alocada de la meditación sin mesura. Técnicas y más técnicas, promesas de iluminación futuras, ” si haces esto durante tantos días conseguirás esto y lo otro…. si te levantas a tal hora los dioses besaran el loto de tus pies…se te abstienes de comer no sé qué tu vibración subirá… si haces esto y lo otro entrarás en los reinos angélicos y vivirás la divinidad aquí en la tierra….”. En fin, presa de una codicia espiritual sin límite y como un burro persiguiendo la zanahoria practicaba, practicaba, meditaba y meditaba hasta que llego el colapso y el vaciado cerebral . STOP! “Algo no funciona, esa zanahoria nunca lograré comerla. Me estoy convirtiendo en una adicta, y creo recordar que no se trata de esto….¿ Qué busco? Quizás no hay nada que buscar, y sí algo que encontrar, y ese Algo, no anda lejos. Mejor me quedo quieta por un poco…”.

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Aún me acuerdo cuando escribí al que fue  mi maestro por unos meses, ” Yo quiero ser yogui, pero no yonqui. Dejo de meditar, pasaré el mono, me voy a deshabituar como quien se desintoxica de una droga dura para comprobar si Dios me sigue queriendo igual”. Al hombre le sentó fatal y me dijo de todo, ahora sonrío cuando lo recuerdo. Me entra la risa ante la osadía que tuve de desafiar a un Guru. Era esa Verdad que latía en algún rincón quien lo hizo.

Me he dado cuenta que la espiritualidad tan codificada, con tanta norma, técnica, condiciones, promesas, práctica desenfrenada lo que he hecho conmigo ha sido alejarme de mi centro, de mi corazón y de la Vida.  ” Quiero ser una persona normal que hace cosas normales”, le deje el otro día a mi hija. ” Ya era hora!”, me contestó aliviada.

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Retomo el camino de la sencillez, la humildad, el corazón y en definitiva de la Vida sin promesas de iluminaciones futuras. Quebrantaré las normas de las técnicas, la alimentación, el sueño y la vigília. Retomo el camino de ese Cristo de la mano de María Magdalena que hace tantísimos años me robaron el corazón, a ellos pertenece. A ese Cristo interno que habita en mi y yo en Él. No hay técnica para el pulsar del corazón, solo permitir que el cuerpo encarne la Palabra, la Verdad, el Amor y la Vida. Desprenderse de toda técnica, código, ley, absitencia o restricción, mandato o verdad ajena, ese es el camino a partir de ahora.

Quizás ese Cristo a quien amo tantisimo me alejó del camino, me enredó con tanto condicionamiento para que naciera la añoranza y el anhelo de nuevo y me diera cuenta que no hay nada que buscar, yo soy lo que busco. Que quizás Dios se encuentra entre las cacerolas cuando cocino, en la cotidianidad con mis hijos, en la mirada de esa mujer que hace cola en la charcutería, en el cartero que me hace firmar el acuse de recibo de la multa…. en fin, penetrar en la Vida, penetrar en la Vida de verdad y dejarse penetrar por ella. Vivir es hacer el amor y dejárselo hacer.

Me doy cuenta que me ha salido un texto larguisimo, y es que la experiencia da para un libro, ” De como la espiritualidad a veces te aleja de la vida”, donde podría recrearme en los detalles y quizás se entendería mejor mi sentir. De momento estas palabras, sirven aunque solo sea a mi, para ordenarme y retomar el camino.  Ah! Por cierto, esta ha sido mi experiencia, que para nada tiene que ser la tuya, ni me gustaría parecer ácida, resentida o amarga, sino todo lo contrario.

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Camino de regreso a la Vida, de la mano de quien siempre estuvo, está y estará, regreso a los sentidos sin condiciones, más allá de las normas, las reglas, las técnicas, existe un latir. Ese Cristo que no está fuera, sino dentro de quien ose pronunciar un Sí incondicional.

 

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