Cuando todo se desmorona…

” Hagámoslo ahora! Mejor no esperar más”

Estas palabras, el momento en que fueron dichas y la imagen que surgió después aparecen muy a menudo a mi recuerdo. Sin avisar, de repente, como una punzada que todavía duele y aveces duele mucho. Hace un par de días, volvió de nuevo y dolió más que nunca. No me sabe mal, cada vez estoy más cerca de la total aceptación, las lágrimas cada vez son más sanadoras, no tanto de pena, sino de profunda aceptación de lo que es. Me atrevería a decir que son de dicha, el gozo que solo la Verdad puede hacer sentir, mucho más allá de los límites de la emoción.

Era por estas fechas, hace cinco años, ¡que rápido pasa el tiempo! Estábamos en la peluquería, mi hermana pequeña y yo. Había empezado con el proceso de quimio, hacia poco le habían diagnosticado un cáncer con muy mal pronóstico. Los efectos de la quimio empezaron a hacerse muy obvios. La idea era ir a la peluquería para repasar un poco las puntas y disimular el desastre, cuando de repente dijo :

” Hagámoslo ahora!”. Decidió raparse toda, ¿ para qué esperar más? Si total iba a ocurrir igual….. la recuerdo sentada, muy digna mientras los mechones de su larga cabellera se iban cayendo lentamente. No cesó de mirarse al espejo y yo a ella. Nos dolía. Cuando terminaron, sonrío y yo a ella, ” Ya está!”.

Hace seis años que murió y cada vez que me venía esta imagen, lloraba. Era demasiado dolor, intentaba evitarla, ver, sentir. ¿ De quien era el dolor en realidad? ¿ Lloraba por su dolor? ¿ Por su enfermedad ?¿ Lloraba por el final que todos sabíamos iba a llegar de un momento a otro? No. Lloraba porque esta imagen me obligaba sí o sí a mirarme en mi propio espejo. El único dolor y sufrimiento que estaba en juego era el mío propio. El miedo, el terror, la evidencia, la verdad desnuda, sin disimular, sin máscaras, sin maquillaje, sin manipular. Y la Verdad, a veces, demasiadas… nos da pánico.

Hace un par de días volvió la imagen, mi hermana sentada, espalda bien recta, digna mientras su cabellera, su preciosa cabellera se desprendía. Decidí mirar, fijamente, sin huir, ni evadir ni despistar. Miré la crudeza de esa verdad y poquito a poco, las lágrimas de pena, de compasión mal entendida se fueron convirtiendo en lágrimas de paz y alegría. Sí, alegría, de pura aceptación de una Verdad mucho más grande. Y esa Verdad, esa grandeza de lo que somos, no hay palabras que la describan y se revela cuando todo se desmorona. Cuando la imagen de quien creemos ser, las máscaras que hemos construido para defendernos de nosotros y de los demás, el personaje que creamos en el cual nos confundimos empiezan a quebrarse, cuando las capas de piel dura, las costuras se rompen, en definitiva cuando todo se desmorona, hay algo que queda al descubierto y es mostrado, si nos atrevemos a mirar. Nuestra esencia al desnudo, pura, radiante, la Verdad o el Amor que somos, nos sostiene, a través del cual respiramos y que siempre siempre está, estuvo y estará. Es eterno. Cuando finalmente tenemos el coraje y el desapego de desprendernos de nuestros pequeños y grandes dramas, nuestra autobiografía, nuestros “pero” y nuestros ” ¿ y si?”, cuando finalmente no queremos ser los campeones de nuestro propio dolor y nos arriesgamos a mirar que hay detrás de todos esto, quizás no hará falta ningún desmoronamiento, sencillamente será la Verdad emergiendo.

Cuando todo empieza a desmoronarse, atiende, respira, mira, no te muevas, no huyas, mantente presente, traspasa el miedo, incluso el terror, abre tus manos, tus brazos y el corazón, algo reclama ser abrazado y ese algo eres Tú, tu Verdad más auténtica. Cuando todo se desmorona, finalmente podemos Ser quienes nunca debimos dejar de Ser. Amor de verdad.

Y tú, cuando todo se desmorona ¿ qué haces ?

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