A la sombra del Arco Iris.

" Un poco fuertes las fotos de la exposición, me sabe mal…", me dijo compungida la persona encargada del aula donde estaba apunto de dar un curso en el Ayuntamiento. 

Miré las fotos. Impactantes. Duras. ¿ Desagradables? ¿ Incómodas? Cuando uno piensa en una exposición o en arte o en fotografía, quizá evoca la visión de algo agradable, estético, bonito. ¿Cómodo? Todo lo contrario a las fotografías que adornan la sala donde estos días imparto un curso de bienestar emocional.

" Rainbow Pain. Las víctimas olvidadas de la guerra química del Vietnam", cada arma química o pesticida tenía su propio color, un Arco Iris mortal. Medité en cada una de las fotos, detenidamente, conscientemente, sin escapar de la visión del dolor y el sufrimiento que expresan. Cuerpos maltrechos, malformados, deformes, llagas, cicatrices, heridas abiertas, caras contraídas por el dolor, la resignación, la pena, la injusticia, soledad.

¿ Quienes son los protagonistas? Los hijos olvidados de la guerra química del Vietnam, los hijos de las mujeres que vivieron el horror, sufrieron el terror y parieron el miedo, la vergüenza, la injusticia para que siempre jamás lo tuvieran presente, para que el miedo no quedara relegado en el olvido. Siempre en la memoria. Las fotos muestran esta realidad para que tomemos consciencia, para que esta realidad tanto tiempo escondida salga a la luz. " Mírame…existo aunque te de asco lo que ves…mírame, soy el resultado del horror, de la bestialidad humana…somos los hijos de la guerra….somos las hijas del miedo…miradnos….no escapéis más de nosotros….de vosotros….". 

Me gusta estar rodeada de estas fotografías, me gusta saberme cobijada por una realidad incómoda, la visión de la sombra y la oscuridad humana. Claro que sí. No me sabe mal, ni mucho menos. Lo agradezco. Lo abrazo. Lo miro. Lo veo. Me reconozco en todas y cada una de las fotografías. Me recuerda todos mis "yoes" fragmentados, todos mis "yoes" reprimidos, todos mis "yoes" de los que un día me avergoncé, me culpabilicé, me escondí, oculté, maquillé, disfracé de todo menos autenticidad. Sí. Aquí están estas fotografías para traer luz a lo indeseable, lo feo, incómodo, terrorífico, vergonzoso.

Ahí están ellas para recordarme mi propósito vital,  la integración, la integridad, completarme como mujer dejar de vivir en la fragmentación y ser Una. Total. Única. Toda. De una pieza y no a trozos. 

Ahí están ellas para indicarme el camino de vuelta a casa " Mírame….abrázame…ámame…yo soy tu, también". Porque en realidad aquello que más rechazamos de nosotros, aquello de lo que más nos avergonzamos o tememos, aquello de lo que huimos, es lo que más añoramos, aquel "yo" que extrañamos sin saberlo, aquel "yo" que nos falta para completarnos. 

Bonita sincronía la exposición que adorna la sala donde enseño técnicas de bienestar emocional " No os llevéis a engaño, no vengo con fórmulas mágicas, no os garantizo que este curso os guste, más bien puede que os incomode. No vengo con la solución rápida y edulcorada para que dejéis de sufrir. No soy este tipo de persona. La única formula, si es que existe alguna es la más profunda aceptación de "lo que es", de lo que eres, más allá del juicio, de las preferencias o deseos de tu mente. Cerrad los ojos. Coraje. Humildad. Mira, acoge, observa. No cierres la puerta a nada. No dejes nada fuera. Acoge, abraza cada trocito de ti, por más feo que te parezca. Esto es el amor. Esto es la paz que añoráis. No hay fórmula. Sólo presencia". 

Sí al horror. Sí a la belleza. Sí a la vergüenza. Sí a la compasión. Sí al miedo. Sí al perdón. Sí a la pena. Sí a la risa.

Sí a Todo. Sí . Sí. Sí a la Vida. Sí a la Vida en su totalidad. Todo. La Vida no es a trozos, es entera.

Todo cabe en un corazón grande, generoso, vacío de juicio. ¿ Acaso te crees que el amor es otra cosa que vacío?

Todo fundido compasivamente en la Nada. ¿ Acaso hay otro camino posible?

Gracias.

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